lunes, 14 de octubre de 2013

Fuerte conexión

Es un día normal, un viernes como cualquier otro en el que estoy terminando mis horas de clase para por fin después de una larga semana irme a descansar a casa, no es de extrañar estos deseos, porque me pregunto quién no lo tiene o alguna vez los ha tenido, porque el descanso que brinda la llegada del sábado y el domingo, promete restaurar las fueras que para el viernes tenemos agotadas. Pues bien, así era este viernes en la horas de la noche, más exactamente a las 7 pm, hora en la que me dirigía a mi casa, hora sagrada de olvido de todo lo que pasa alrededor, en la que solo caben pensamientos de cómo aprovechar el fin de semana.
Como ya dije, me dirigía a mi casa cuando una llamada inesperada llego a mi celular, al contestar solo puedo oír un: - que pasó perdido, usted si es un desgraciado, se olvida de los amigos como por meses jajajajajja, a estas palabras yo solo pude contestar que la verdad es que había estado muy ocupado, que los trabajos no me daban tiempo para nada, sin embargo, mi amigo, que estaba al otro lado del teléfono, ese cuya voz es inconfundible para mi pues lo conozco de hace varios años y en el cual he descubierto una sincera amistad, me contestaba con un cierto toque de ironía: -Sí, me imagino…, pero esta vez necesito hablar con usted, pasó algo que me tiene pensando mucho… tiene tiempo para tomarnos una cervezas?- a lo que conteste que sí, la verdad en el momento conteste de esa manera porque me interesaba más lo que tenía por decirme Sergio, mi amigo, que la idea de salir a tomar cerveza.
7:30 pm, diviso a Sergio en una esquina cerca a la universidad, veo que él ya sabía que era yo, pues me hacía unas señas sobre su reloj para indicarme que se hacía tarde, sin embargo, me espera, vamos a un bar llamado “Amareto” para poder tomarnos un par de cervezas y así dar inicio al relato que Sergio tenía preparado para mí. -dos Club Colombia- dice mi amigo a la mesera, después dirige la mirada hacia mí y empezamos a hablar sobre cosas cotidianas como la universidad, el trabajo, la familia, los viejos compañeros de colegio de los cuales no he sabido mucho en años y de los que Sergio me cuenta cada vez algo nuevo. El tiempo pasa, las cervezas están a la mitad, cuando de pronto él toma un trago más, pone su botella en la mesa, fija su mirada hacía un horizonte imaginario y empieza a reír, de un momento a otro dice: -yo no sé en que estaba pensando-, por supuesto yo estaba desconcertado desde el momento que empezó a reír sin razón aparente, lo único que pude decir fue: -¿qué paso?, él me observo, sonríe, después mira al suelo y dice:- es precisamente lo que le quería comentar-, -¡haber, cuente! Le repliqué.
La historia se trataba sobre una mujer que había conocido unos meses atrás en una clase de francés a la que asistía en un instituto, la mujer era un poco mayor que él y tenía una madurez que enloqueció a Sergio desde el primer momento en que empezó a tratarla; mi amigo detiene su relato, lleva otro trago a su boca y nuevamente se dirige a mi diciéndome: -que bobada, no?, a lo que yo contesto solo con una risa, sin embargo, ya en mi pensamiento estaba rodando una serie de ideas que me contrariaban, ¡cómo era posible que Sergio, tal y como lo conocía, estuviese así por una mujer que apenas conocía?, la verdad es que nunca lo había visto así, ni siquiera por aquella mujer que me presentó un par de años anteriores con la que formalizó una relación que duro algo más de 2 años.
Después de aquella pausa, él continúa, me cuenta que hace poco en una reunión con algunos compañeros del curso, en la que por su puesto estaba ella incluida, sucedió una conexión que no pudo explicar, me dijo: -me puede llamar tonto, pero la química, y se lo digo así porque no tengo otra manera de explicárselo, fue muy fuerte, ese día nos reímos, tomamos y le juro, pero se lo juro, no quería bailar con otra mujer, yo no la soltaba ni un minuto, debí parecerle un loco a mis compañeros pero en ese momento la verdad es que no era consciente de mi actuación y nada me importaba, solo ¡era!.... jajjajaja que vergüenza jajajja-, yo en ese momento, mientras tomaba mi trago, estaba asombrado por la emoción con la que Sergio contaba su relato, su interés, me di cuenta, era real, lo que dicen del enamoramiento parecía tener su más claro exponente en él.   
Así pasamos un buen rato, por supuesto, en el transcurso de la conversación, él me pidió su opinión de lo que había acabado de escuchar, a lo que yo solamente conteste: -las cosas llegan sin que uno las espere, se me hace mentira que hace unos días usted me decía que lo único que quería saber era de estudio para poder sacar muy bien la carrera, y ahora, mírese… jajajaja… todo un peladito enamorado jajajajjaja…., él contestó mi comentario con otra risa, sin embargo, proseguí: -pero hablando en serio, chévere que le esté pasando esto, cosas así, como ya le dije, son inesperadas y se tienen que aprovechar al máximo, viva lo que tenga que vivir y hágale sin miedo… jajajjaja-. Después de otro par de tragos y unas cuantas risas más nos despedimos, cada quien volvió a su casa.

Tiempo después, en algunas ocasiones pensaba en Sergio y aquella mujer, qué habrá pasado, habría ya alguna relación o había dejado pasar esta oportunidad, estas preguntas fueron contestadas cuando me encontré de nuevo a Sergio de improviso, cruzamos algunas palabras y le solté la inevitable pregunta: -¿qué pasó con aquella niña?- a lo que él me contestó con una sonrisa que ya lo decía todo.  

lunes, 29 de julio de 2013

Ferias y Fiestas

Domingo por la tarde, estoy entrando al pueblo de Lebrija y mientras paso por algunas de sus calles observo la cantidad de gente que como un río sigue un mismo cause, entonces decido seguirlos, tal vez, pensé, ellos me ayuden a llegar al lugar al que vine a visitar.
Pensar que en la mañana la idea de venir ni siquiera pasaba por mi mente, es más hoy amanecí con otros planes en la cabeza que de ninguna manera implicaban salir de mi casa porque la noche anterior estuve trasnochando entre amigos, sin embrago, lo más curioso es la idea de que nunca me imagine asistir a unas ferias de pueblo pues no tengo el sentido aventurero, por así llamarlo, que me haría emprender un viaje hacia un lugar completamente desconocido y solamente con lo necesario en el bolsillo.
El plan nace cuando me encuentro en un supermercado cerca de mi casa y una persona empieza a hablar sobre lo bien que la va a pasar ese domingo en la tarde porque va a ir a las ferias de Lebrija: “en la tarde se van a presentar muchos artitas, además, esas ferias siempre han sido buenas y no lo digo solo por la música y la cerveza”, con esta última frase logra captar mi atención y me deja pensado sobre el pequeño pueblo que, había oído, no quedaba muy lejos de la ciudad por tanto permitía ir y regresar el mismo día. Con esa idea rondándome en la cabeza regresé a mi casa para luego recordar la actividad de desarrollar una crónica sobre algo que antes no había hecho, entonces pensé que ésta seria la oportunidad perfecta.
Así es como llegué hasta aquí, por esta razón es que ahora me encuentro caminando entre largos ríos de gente que vienen muy seguramente por las festividades y que acorde a ello se visten muy particularmente, lo digo porque no es posible ignorar las botas, el carriel, el poncho y el sombrero vueltiao que pasan sin cesar por mi lado, estos artículos imprimen en la gente un animo fiestero que va más encaminado hacia el trago y la juerga más que a apreciar lo bonito del sitio en el que se encuentran.
Mientras sigo en mí recorrido hacia el parque del pueblo, que es donde pienso yo que está el centro del evento, y acorde al pensamiento que traía, observo que algunas personas se detienen en una que otra tienda para comprar cervezas, las sacan del establecimiento para apretarlas contra su pecho y siguen su caminata por el pueblo, esto confirma, me dije, que estas ferias cada vez más son un pretexto de la gente para tomar trago en exceso y regresar a casa casi sin conciencia para decir al día siguiente que se disfruto las ferias al máximo, pero, creo yo, que si se les llegara a preguntar sobre el pueblo en si, sobre la gente, los dulces, los paisajes, las casas, el comercio, etc, muy posiblemente no tendría como responder porque de esos detalles pocos se fijan.
Al fin llegue al parque, pero me llevo una sorpresa pues veo solo una pequeña tarima con música al costado izquierdo de la iglesia, me extraña la ausencia de gente, puestos de artesanías o artículos propios del pueblo que generalmente son ofrecidos en una feria, entonces, me doy cuenta  que en la parte inferior del parque hay una multitud que se dirige por otras calles más apartadas, me decido seguirlas para tal vez descubrir el epicentro del evento, así es como llego a una especie de avenida cuya ruta es marcada por el número de personas que se ven a lo lejos.
Mientras camino por esa avenida empiezo a notar el aumento de gente, comida y cerveza, en especial está última la cual se puede encontrar a lado y lado de la calle, en casas comunes, en parqueaderos, en carritos rodantes, bolsas, etc, esta bebida alcohólica se ha tomado por completo al pueblo, en segundo lugar ha quedado los productos que quieren mostrar los habitantes, el disfrutar de un paseo, comer algo por fuera de casa, observar un espectáculo con la familia, llevar algunos recuerdos para la casa, familiares o amigos.

Al final de mi recorrido encuentro uno que otro puesto de dulces típicos y artesanías, en una cancha de fútbol muy grande hay una tarima en donde se van a presentar los grupos musicales y que para poder entrar se exige el pago de una boleta, también encuentro borrachos a las 5 de la tarde que por su impotencia de caminar son llevados en hombros por sus acompañantes y alguna tienda de recuerdos que me llama la atención, sin nada más que ver, decido que es hora de regresar a casa con la idea de que pocos saben realmente que es “lo bueno” de una feria. 
Chocolates en el Centro

¡Tres por mil! , al principio no sé de qué me estaba hablando, hasta que dirigí mi mirada a una pequeña caja de chocolates que este hombre tenía en la mano izquierda, sin embargo, yo seguí caminando como quien no presta mucha atención a lo que sucede; la verdad no acostumbro a comprar muchos chocolates de esta manera, no por desconfianza al producto, más bien es porque no soy muy adicto al dulce; al ir alejándome poco a poco de ese hombre gire un par de veces la cabeza, como quien confirma lo que acaba de ver, y pude observar que el hombre aprovechaba el paso de muchas personas por aquel lugar para ofrecer a cuantos pudiese su promoción: ¡tres por mil!.

Era sábado por la mañana, yo estaba caminando por el centro de Bucaramanga para hacer un favor que me habían pedido mis padres cuando me encontré con el hombre que cabo de mencionar, recuerdo que después me quede pensando en el hecho de haber encontrado a un vendedor ambulante en una calle del centro, y no es que no los haya, es que no había visto a uno ofreciendo chocolates como habitualmente lo hacen en un bus de trasporte tradicional.

Esa mañana seguí con mi camino por el centro, pero esta vez me fijaba más en lo que estaba sucediendo a mí alrededor, las calles estaban despejadas de los vendedores habituales que extendían sus mercancías en el suelo para ofrecerlas a muy bajos precios a quien pasara por allí; la variedad de cosas que se podía encontrar, desde controles, juguetes, CD’s, hasta ropa, ya no estaba; toda aquella mercancía había desaparecido del lugar, lo que hacía de esa calle un lugar distinto, era más lúgubre y solitario, esta vez, las personas caminaban sin detenerse y sin mirar atrás.

Todo esto se debe a la medida del Alcalde de Bucaramanga, pensé, con su nueva norma que manda desalojar a toda persona que venda cualquier clase de productos sin tener un lugar fijo en el cual los pueda exhibirlos, ¿cuántas personas se habrán quedado sin empleo a causa de esta norma?, ¿cuántos hogares habrán quedado sin sustento?, todas estas ideas inundaron mi mente al recordar a aquel hombre de los chocolates, ya no era raro para mi pensar en el hecho de haberlo encontrado, tratando de esconder su trabajo, con voz queda pero firme.

Después de terminar el favor que me encargaron mis padres, decidí sentarme un rato en una banca que queda al frente de una panadería, allí espero un rato para observar más detenidamente el paso de algún otro vendedor, sus gestos, su actitud, y la forma como ofrecía su mercancía. Después de un rato en aquella banca, empezaron a aparecer esporádicamente uno que otro vendedor ambulante, su mercancía ya no estaba en el suelo, ahora con un tamaño y número  reducido cargaban todo en sus manos, ya fuera en una bolsa negra, en un maletín, incluso en sus brazos que servían como tendederos para prendas de vestir que ofrecían a los transeúntes, su paso por allí era irregular, además de ser efímero.

Cuanto más miraba, más podía notar sus afán por vender rápido, su objetivo era estar en constante movimiento y en  postura siempre vigilante, sus miradas buscaban alguna sombra verde que les indicara que el lugar en donde estaban ya no era seguro, lo más notable es que tenían una especie de red informante, entre ellos se ayudaban continuamente para saber en que lugar estaba la fuerza pública para no acercarse, pues corrían el riesgo de ser capturados, además de perder su medio de sustento.

Al cabo de dos horas en aquella banca frente a la panadería, resolví seguir mi camino a casa con la impresión de que cada día la economía de esta ciudad está empeorando, y que si las personas no pueden ganar unos cuantos pesos honradamente vendiendo cualquier cosa en la calle, la pobreza aumentará.
Plan de fin de semana

Domingo por la tarde, me dirijo hacia el centro comercial “La Florida” para realizar la observación del comportamiento de las personas en ese tipo de lugares. La verdad debo decir que en un principio no lo creí necesario pues consideraba que ya había visto en muchas ocasiones a las personas en un centro comercial, así que sería ver lo mismo de siempre, sin embargo, me decidí por ir para observar más detenidamente a los asistentes y tal vez captar algo que antes no había notado.

Lo primero que hice fue ubicar un buen lugar para sentarme, cosa que en un centro comercial es difícil de hallar si no se está ubicado dentro de un establecimiento de comidas o bebidas, además era fin de semana, días en los que las personas salen a pasear con su familia o amigos, hecho que hace que el lugar sea más concurrido y por tanto, la tarea de encontrar un buen puesto se torna aún más complicada.
Esta realidad también me hizo pensar en el hecho que las personas prefieren un centro comercial a un parque, restaurante o lugar turístico; esto se debe a muchos factores como lo es que en la ciudad no hay muchas actividades culturales o eventos públicos, sumado a la indiferencia de los ciudadanos por los pocos que hay; por otro lado, Bucaramanga se encuentra en un crecimiento comercial que ha hecho que varias franquicias abran sus puertas en diferentes puntos de la ciudad, lo que llama la atención de las personas que quieren ver algo nuevo, aunque en esencia no lo sea pues sigue siendo ropa, zapatos y comidas rápidas.

Ya sentado en un buen lugar, no recuerdo en que piso, dirigí mi mirada hacia un establecimiento de bebidas que estaba ubicado en el centro del pasillo y en el que había música en vivo, algo que lo hacia muy atractivo pues le daba un toque de restaurante agradable a pesar de estar en un espacio destapado y reducido. Mientras veía el show pude divisar a una familia conformada por una pareja y sus dos hijos, ellos se detuvieron un momento para apreciar a los músicos, el esposo susurro algo al oído de la mujer mientras señalaba con su índice algunas partes del escenario, pensé en esa costumbre que tenemos los hombres de andar explicadonle a las mujeres cada cosa que vemos, como sí ellas no supiera nada acerca del mundo. Después de unos minutos la familia siguió su camino, cosa que no perdí de vista, pues ésta era la oportunidad perfecta para observar más detenidamente el comportamiento de las personas en un centro comercial.
Así que muy disimuladamente seguí con la mirada los movimientos de aquella pareja y sus dos hijos, lo hice, claro está, con la debida distancia pues no quería ser visto como un loco o “psicopata”, podría haber tenido problemas con aquel hombre y mi observación terminaría con un escándalo público.

Así pues, estuve muy atento al recorrido de la pareja que se detenía en cada local para mirar las vitrinas con una contemplación de mil sueños, haciendo, tal vez, compras en su cabeza. La pareja señalaba mutuamente diferentes artículos, acompañándolos con las posibles utilidades para su hogar o para sus hijos. Una que otra vez en ese trayecto, alguno de los dos hacia detener al otro con un tirón de la mano con la que se tomaban para caminar, solo para señalarle un par de zapatos o una prenda de vestir que les despertaba un interés ansioso.

En uno de esos locales por los que pasaban, me tome el atrevimiento de pasar muy cerca y pausadamente solo para escuchar algunos de sus diálogos. “¡mire, papi!, esa camiseta está bonita pa´ Kevin”, refiriéndose tal vez a su hijo de 8 o 9 años que los acompañaba pero que estaba jugando por los alrededores junto con su hermanita de 5 años, el hombre la miró con una expresión de resignación, después musito: “ahí vemos mija”, y siguieron su caminar. Pensar que esa es la realidad de muchas personas, vivir con ilusiones porque la realidad es más cruda.

Después de mirar un par de establecimientos más, la familia subió a la plaza de comidas en donde la mujer y los niños se sentaron mientras el padre traía una bandeja con tres pedazos de pizza y sus respectivos vasos de gaseosa, los padres comían tranquilamente mientras hablaban de diferentes temas, tal vez, incluso asuntos familiares, y así estuvieron hasta que el último miembro de la familia terminara su pizza, acto seguido, se levantaron para irse del lugar, pero esta vez ya lo hacían con una parcimonia de abuelo, como si ya hubiesen cumplido todo sus deseos. Se les notaba en la cara, tenían una sonrisa, una expresión de tranquilidad que les llenaba el alma y que los impulsaba a volver a casa con la satisfacción del deber cumplido.


Por ultimo, al ver salir la pareja y sus dos hijos del centro comercial, yo también me dirigí a la salida para irme a casa con la firme convicción de que puede que muchas personas no tengan el dinero para comprar mil y una cosas, pero viven con ilusiones que los impulsan a seguir adelante, y más aún, el dinero que no tienen para comprar en los diferentes establecimientos comerciales, no les impide ser felices.

miércoles, 17 de abril de 2013

Memorias de un recorrido


De mi infancia no recuerdo mucho, la verdad a mi mente solo llega un par de “flashback”, sobre algunas fiestas, algunas personas, juegos con niños de mi antiguo barrio e interminables madrugadas para alistarme e ir a la escuela “Anexa Domingo Savio” en el inicio de mi vida escolar. De las cosas que recuerdo, está las mañanas en las que no tenía que caminar hasta la escuela pues un tío tenía una bicicleta en la cual me llevaba hasta la puerta de la institución, por supuesto no se podía todos lo días, así que aquellos días en los que caminaba, no lo hacía solo porque afortunadamente tuve primos de mi misma edad y que estudiaban en la misma institución, pero en especial compartí con uno las caminatas hasta la escuela, ese se convertiría en mi compañero infaltable en esos primeros años de escolarización.

En esos primeros grados, no me acuerdo mucho de mi inicio en la lectura, recuerdo algunos episodios en los que me veo a mí en pre-escolar haciendo palitos y bolitas o algún otro trabajo artístico, sinceramente no creo que de ahí venga mi gusto por la lectura, salvo, por los pequeños libros infantiles que habían en el salón de clase, pero incluso en ellos la lectura no era tan considerable porque lo que ocupaba la mayor parte de espacio eran los dibujos, tal vez por eso eran tan populares entre todos los alumnos de ese primer grado, así que me atrevo a decir que lo que impactaban eran las imágenes que contaban una historia más que el relato que pudiese estar impreso.
Sin embargo, de pre-escolar, tengo varios recuerdos que son muy preciados para mí, pues en él desarrollé varios trabajos, me interesaron las manualidades (incluso ahora que soy mayor, me sigue gustando), y los colores.


En los años siguientes, avanzando en mi recorrido escolar, no puedo definir muy bien los recuerdos de cada grado, solo puedo decir que en ellos me exigieron la compra de una cuaderno rayado y otro doble línea, sí de esos que sirven para practicar la letra cursiva, porque si algo me querían enseñar en esos grados fue la letra cursiva, cosa que me parecía hartísimo, pues tengo que admitir que mi caligrafía en escritura normal era pésima, ahora uno se podría imaginar como tendría la letra en mis escritos cursivos, además, si le añadimos que para mis profesores la única solución era dejarme interminables planas sobre como hacer palos y bolitas, como si eso en algo pudiera ayudar, porque sinceramente, en qué podría ayudar hacer una bolita y aparte un palito sino se utiliza para elaborar letras que pasan a formar palabras, es decir, todo se quedaba en un primer nivel pero no había avance alguno, solo hasta que estuve en un grado intermedio de secundaría, pude tener una mejor caligrafía, gracias a las diferentes actividades de escritura que me dejaban en todas las asignaturas.

En fin, siguiendo con mi recorrido, la letra cursiva nunca fue mi fuerte, aunque no puedo negar que me parece muy bonito ese estilo de caligrafía cuando lo veo, pero personalmente no he logrado mejorar ese tipo de letra. Después vino las boletas que nos regalaban para ir a cine como modo de diversión, yo solo fui a una función, las otras se quedaron en medio de un cuaderno que utilizaba para hacer ejercicios de matemáticas o alguna otra materia. Al poco tiempo llegaron las “tareas” para la casa, que incluían la búsqueda de palabras extrañas en un diccionario para escribir su significado, o la escritura de palabras que comenzaran con determinada letra, no puedo evitar acordarme que yo podía recorrer toda la casa en busca de alguna palabra nueva que incluir en ese listado que me pedían, también preguntaba a cada uno de mis tíos y sus esposos o esposas para que me dijeran que más podía agregar, actividad que solía repetirse cada semana.

En cuarto grado (creo, no estoy seguro), las clases de español se volvieron más monótonas y metódicas, durante todo este grado lo único que hice fue intentar clasificar frases, los componentes de la frase (sujeto, verbo, predicado) y la conjugación de verbos, todo lo anterior con oraciones aisladas, carentes de sentido, y con una particularidad que me parece que hacía el trabajo más aburrido, algunas palabras parecían salidas de un texto de castellano que provenía de España, es decir, lo profesores no se tomaban el trabajo de adecuar las frases al contexto que nos encontrábamos, al país Colombia en el que vivimos, al continente suramericano del que somos parte, es por esto que yo podía apuntar en mi cuaderno una frase como: Juan ha comprado un nuevo coche, que estaba escrita en el tablero, pues el profesor basaba su ejemplo de análisis de la oración en ella, por supuesto, la utilización de un vocabulario más cercano al castellano le quitaba la practicidad que nosotros como estudiantes le podíamos ver, pues nos alejaba del ejercicio, las oraciones eran completamente aisladas del contexto en el que vivíamos, ese tipo de frases solo las podíamos encontrar en el cuaderno y por tanto la aplicación de los conceptos que veíamos en clase se hacía un poco más compleja.



Entonces, llegó el un nuevo año y con él el ultimo curso de mi primaria, durante ese tiempo la materia que más aprecie, para sorpresa de muchos, fue matemáticas, la profesora que me dictaba esa asignatura era buena en lo que hacía, explicaba muy bien los ejercicios y veía en los estudiantes el potencial que tenían, tal fue su dedicación que antes que terminara el año nos llevo algunos formularios para colegios importantes como: el tecnológico o el salesiano, yo personalmente tomé uno del tecnológico, también por recomendación de la profesora, para llevarlo a mi casa,  les expuse a mis padres la idea de pasar a ese colegio que aunque ya implicaba un mayor sacrificio, por otro lado también tenia unos beneficios importantes, como por ejemplo: alejarme del ambiente en el que vivía en el cual la mayoría de los niños no pensaban en pasar más allá de la escuela o su permanencia en colegios cercanos no duraba muchos pues los compañeros con lo que se veían mezclados nunca buscaron avanzar en el estudio, por el contrarios siempre les gusto la vida que llevaban los ladrones, vagos o “ñeros” que se podían ver en los diferentes barrios del sector, esta vida nunca me gusto, pues siempre vi en ella una necesidad de hacer daño sin razón, solo porque se sentían más “malos” al andar en grupos y ser señalados como la oveja negra de la familia.
En fin, siguiendo con el tema, gracias a la profesora tuve la oportunidad de conocer algo más allá del barrio en que vivía, conocer nuevos compañeros y nuevas posibilidades.

Así es, entré a estudiar en el tecnológico, en él pasaría toda mi secundaría. Mi primer año en este colegio fue difícil, pues me intentaba acoplar a otro método de enseñanza, los profesores tenían una exigencia mayor y los temas eran más amplios, pero lo que me gustaba realmente eran las clases de español, la profesora se tomaba el trabajo de leernos fragmentos de cuentos, o novelas para introducir temas, la tertulia se hacia cada vez más interesante pues durante todo el sexto grado, la clase de español se basaba en la lectura de diferentes textos. La profesora que dictaba esta clase solía recomendarnos asistir a la biblioteca pública para buscar libros que fueran de nuestro gusto, es así como un día le seguí la cuerda a mi profesora y asistí a la biblioteca Turbay, lo recuerdo muy bien, un viernes llegué con la idea a mi papá para que él me acompañara pues yo no sabía donde quedaba esa biblioteca ni como me devolvía a mi casa, pues si podemos recordar, yo apenas estaba saliendo al mundo. Así aconteció que al día siguiente mi papá me levantó temprano para que me diera tiempo de alistarme y poder llegar temprano a la biblioteca para que pudiera estarme un buen tiempo en ella; él me dejo en la entrada de el establecimiento y quedó de recogerme al dar el medio día, con lo que me dio tiempo y espacio para poder mirar diferentes libros, conocí los espacios de la biblioteca, los diferentes pisos y las diferentes actividades que tenía en ese momento para ofrecerme, desde cine, hasta tertulias literarias. Yo creo que a partir de este momento la literatura me empezó a interesar mucho.

El siguiente año, es decir, séptimo, mi desempeño en la asignatura de español siguió mejorando, no sé si por el interés que nació por la lectura, o por la clase de la profesora, el caso es que esas clases las disfrutaba mucho y mi rendimiento era tan bueno que la profesora me tenía en cuenta en el trascurso de las dos horas y al final del curso me felicito por el trabajo realizado durante todo el año, eso me hizo sentir muy bien, es estimulante saber que uno es bueno en un campo y que para uno ese interés le nace y no le es impuesto.

Los siguientes años pasaron sin mayor acontecimiento, los profesores que vinieron no tuvieron un efecto importante en mi proceso, ya en mi esta instaurada el gusto de la lectura y lo seguía por mi cuenta, sin embargo no descuidaba mis deberes estudiantiles en el área de español (en otras mi desempeño nunca fue tan bueno), por el contrario me iba muy bien. Hasta que llegué al grado 10, donde tuve una profesora exigente, realmente exigente, esta profesora me hizo conocer la literatura clásica, aunque la verdad me fue muy mal cuando estaba empezando el año, pero me repuse, le dedique un buen tiempo a está materia, trabajé, leí, participaba en clase, y esto tuvo su recompensa pues recupere una buena nota, pero más que la nota lo que me queda de ese año fue la dedicación y el esfuerzo, aprendí que leer no es solo leer, implica un análisis profundo, una trabajo cuidadoso e incluso una investigación.


Vino once y con el mi graduación, las expectativas en cuanto a seguir una carrera universitaria eran mucha, presenté el Icfes, saque un buen puntaje, pero me deje llenar la cabeza de ideas como que el estudiar ingeniería era tener un buen futuro, es pos esto que mi primera experiencia en la universidad la viví con la ingeniería de sistemas, pero en ella no destaque, por el contrario me costaba demasiado trabajo concentrarme para aprender formulas y procesos, así que como era de esperarse, no me fue muy bien, entonces tomé la decisión de cambiar de carrera, es así como hoy puedo decir que estoy estudiando Licenciatura en Español, que me gusta esta carrera, que me interesa conocer más de literatura y de otras muestra de arte, que me siento bien estudiando lo que estudio y por eso creo que con esta carrera puedo progresar, pues cuando se hace algo con interés, con gusto, todo sale bien.   

martes, 16 de abril de 2013

Técnicas de comunicación visual

Equilibrio



Inestabilidad



Simetría



Asimetría



Regularidad



Irregularidad



Simplicidad



Complejidad



Unidad



Fragmentación



Economía



Profusión



Reticencia



Exageración



Predictibilidad



Espontaneidad













Actividad



Pasividad



Sutileza



Audacia



Neutralidad



Acento



Transparencia



Opacidad



Coherencia



Variación



Realismo



Distorsión



Plana



Profunda



Singularidad



Yuxtaposición



Secuencialidad



Aleatoriedad



Agudeza



Difusividad



Continuidad



Episodicidad





Para qué hacer una marioneta


¡Hacer una marioneta!, sí, eso oí un día en mi clase de Didáctica, no puedo negar que lo primero que se me vino a la cabeza fue: ¿el profesor para qué quiere una marioneta? y ¿cómo la haré?; la verdad es que nunca había intentado, siquiera, hacer algo así; pero bueno, mi vacilación seso y la verdad es que me despreocupe del asunto hasta casi olvidarlo por un par de semanas.

Días después, vi a todos mis compañeros con sus bosquejos de marioneta y Yo, sin nada. Entonces mi preocupación volvió y empecé, de nuevo, a preguntarme: ¿cómo voy a hacer una marioneta?; pensé en muchas formas de hacerla, me hice muchas imágenes mentales, muchas ideas surgieron de mi cabeza, pero lo único que persistió hasta el final fue la idea de que mi marioneta tendría la forma de un lobo, pero no cualquier lobo, no, este lobo es muy conocido en un cuento infantil y en caricaturas, normalmente es el antagonista de unos tres hermanos cerditos, así es, mi personaje es el lobo que sopla la casa de los tres cerditos.

Ya con mi personaje definido, el siguiente pasó era como hacerlo, pues bien, con la ayuda de un video de youtube (recomendado por una compañera) observe una manera sencilla de diseñar la marioneta, pero esta sencillez era solo en apariencia, de eso me di cuenta después. Lo primero que me mostraba el video eran los materiales, después el “guía” del video daba una serie de pasos a seguir para la construcción de la marioneta, he aquí mi primer problema, en el video se mostraba la construcción de una marioneta con forma humana, sin embargo, mi personaje era una animal, así que la mejor solución que se me ocurrió fue hacer un lobo tipo caricatura, que caminaba en dos patas y tenia una vestimenta particular.

Para proseguir con el proyecto, me dirigí a comprar los materiales, después ya en casa, diseñe la escala de la marioneta, corté los materiales, le di forma a las partes para seguir con la unión del conjunto en una sola pieza (todo este trabajo costo mucho tiempo y esfuerzo), a continuación se prosiguió con la pintura, adornos, vestimenta, etc.

En fin, el lobo estuvo terminado, lo que me mostró, por fin, los frutos de mi trabajo, pero lo que obtuve después de pensar un momento mientras descansaba, es que en realidad en el proceso de construcción sentí que le estaba dando vida a un ser más pequeño que estaría subordinado a mi voluntad, con él que podría expresar mucha ideas, situaciones, diálogos divertidos, también podría divertir a las personas a mi alrededor y en fin, divertirme yo también.

Y auque no fue trabajo fácil, aprecio mi trabajo y me siento bien con mi marioneta, pues es una creación: salió de mi mente para convertirse en hecho palpable, además, este ejercicio también despertó muchas habilidades que tal vez no conocía pues nunca me había involucrado en un trabajo de construcción como este, entonces también, esta marioneta me a servido para descubrir más sobre mí.