Plan
de fin de semana
Domingo
por la tarde, me dirijo hacia el centro comercial “La Florida” para realizar la
observación del comportamiento de las personas en ese tipo de lugares. La
verdad debo decir que en un principio no lo creí necesario pues consideraba que
ya había visto en muchas ocasiones a las personas en un centro comercial, así
que sería ver lo mismo de siempre, sin embargo, me decidí por ir para observar
más detenidamente a los asistentes y tal vez captar algo que antes no había
notado.
Lo
primero que hice fue ubicar un buen lugar para sentarme, cosa que en un centro
comercial es difícil de hallar si no se está ubicado dentro de un
establecimiento de comidas o bebidas, además era fin de semana, días en los que
las personas salen a pasear con su familia o amigos, hecho que hace que el
lugar sea más concurrido y por tanto, la tarea de encontrar un buen puesto se
torna aún más complicada.
Esta
realidad también me hizo pensar en el hecho que las personas prefieren un
centro comercial a un parque, restaurante o lugar turístico; esto se debe a
muchos factores como lo es que en la ciudad no hay muchas actividades culturales
o eventos públicos, sumado a la indiferencia de los ciudadanos por los pocos
que hay; por otro lado, Bucaramanga se encuentra en un crecimiento comercial
que ha hecho que varias franquicias abran sus puertas en diferentes puntos de
la ciudad, lo que llama la atención de las personas que quieren ver algo nuevo,
aunque en esencia no lo sea pues sigue siendo ropa, zapatos y comidas rápidas.
Ya
sentado en un buen lugar, no recuerdo en que piso, dirigí mi mirada hacia un
establecimiento de bebidas que estaba ubicado en el centro del pasillo y en el
que había música en vivo, algo que lo hacia muy atractivo pues le daba un toque
de restaurante agradable a pesar de estar en un espacio destapado y reducido.
Mientras veía el show pude divisar a una familia conformada por una pareja y
sus dos hijos, ellos se detuvieron un momento para apreciar a los músicos, el esposo
susurro algo al oído de la mujer mientras señalaba con su índice algunas partes
del escenario, pensé en esa costumbre que tenemos los hombres de andar
explicadonle a las mujeres cada cosa que vemos, como sí ellas no supiera nada
acerca del mundo. Después de unos minutos la familia siguió su camino, cosa que
no perdí de vista, pues ésta era la oportunidad perfecta para observar más
detenidamente el comportamiento de las personas en un centro comercial.
Así
que muy disimuladamente seguí con la mirada los movimientos de aquella pareja y
sus dos hijos, lo hice, claro está, con la debida distancia pues no quería ser
visto como un loco o “psicopata”, podría haber tenido problemas con aquel
hombre y mi observación terminaría con un escándalo público.
Así
pues, estuve muy atento al recorrido de la pareja que se detenía en cada local
para mirar las vitrinas con una contemplación de mil sueños, haciendo, tal vez,
compras en su cabeza. La pareja señalaba mutuamente diferentes artículos,
acompañándolos con las posibles utilidades para su hogar o para sus hijos. Una
que otra vez en ese trayecto, alguno de los dos hacia detener al otro con un
tirón de la mano con la que se tomaban para caminar, solo para señalarle un par
de zapatos o una prenda de vestir que les despertaba un interés ansioso.
En
uno de esos locales por los que pasaban, me tome el atrevimiento de pasar muy
cerca y pausadamente solo para escuchar algunos de sus diálogos. “¡mire, papi!,
esa camiseta está bonita pa´ Kevin”, refiriéndose tal vez a su hijo de 8 o 9
años que los acompañaba pero que estaba jugando por los alrededores junto con
su hermanita de 5 años, el hombre la miró con una expresión de resignación, después
musito: “ahí vemos mija”, y siguieron su caminar. Pensar que esa es la realidad
de muchas personas, vivir con ilusiones porque la realidad es más cruda.
Después
de mirar un par de establecimientos más, la familia subió a la plaza de comidas
en donde la mujer y los niños se sentaron mientras el padre traía una bandeja
con tres pedazos de pizza y sus respectivos vasos de gaseosa, los padres comían
tranquilamente mientras hablaban de diferentes temas, tal vez, incluso asuntos
familiares, y así estuvieron hasta que el último miembro de la familia
terminara su pizza, acto seguido, se levantaron para irse del lugar, pero esta
vez ya lo hacían con una parcimonia de abuelo, como si ya hubiesen cumplido
todo sus deseos. Se les notaba en la cara, tenían una sonrisa, una expresión de
tranquilidad que les llenaba el alma y que los impulsaba a volver a casa con la
satisfacción del deber cumplido.
Por
ultimo, al ver salir la pareja y sus dos hijos del centro comercial, yo también
me dirigí a la salida para irme a casa con la firme convicción de que puede que
muchas personas no tengan el dinero para comprar mil y una cosas, pero viven
con ilusiones que los impulsan a seguir adelante, y más aún, el dinero que no
tienen para comprar en los diferentes establecimientos comerciales, no les
impide ser felices.
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